Perú: Hacia una mejor posición

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Puesto que la economía del Perú continúa creciendo rápidamente, la responsabilidad de mantener al país caminando hacia el desarrollo económico, recaerá cada vez con más fuerza, sobre los hombros del sistema educativo y más concretamente, sobre las universidades e institutos técnicos. De acuerdo con datos del Banco Mundial, el PIB de Perú, incluso a pesar de estar en medio de un ambiente exógeno extremadamente débil, se ha expandido un promedio de 7% en el curso de los últimos cinco años. En efecto, gran parte de este crecimiento se debió a mayores ingresos por exportaciones con precios anormalmente altos de las materias primas.

La capacidad de producir profesionales cualificados, sobre todo en los importantes campos relacionados con la tecnología, es un ingrediente vital para estimular y sostener el crecimiento económico y éste es un hecho reconocido por el Plan Nacional de Educación 2005-15. Las universidades peruanas han quedado detrás de pesos pesados como Brasil y Argentina , pero la implementación del sistema nacional de acreditación y el aumento del gasto presupuestario debería ver al país ganando terreno a medio-largo plazo.

El sistema de educación superior peruano está dividido en tres segmentos: las universidades públicas, las universidades privadas y los institutos de formación profesional y técnica. La educación superior en El Perú se remonta a 1551, cuando la Universidad Nacional Mayor de San Marcos fue creada por Decreto Real; por consiguiente, ésta es la universidad oficial más antigua de las Américas.

Hoy en día, su arraigada tradición continúa, ya que sigue siendo una de las mejores universidades del país. Realmente, El Perú cuenta actualmente con 100 universidades con más de 900.000 estudiantes, de acuerdo con un censo realizado por la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) y el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en 2010. Sin embargo, a pesar de su extensión y su historia, el Perú aún está ligeramente por detrás de sus pares regionales en lo que respecta a la educación terciaria.

De acuerdo con el ranking universitario QS, un mundialmente reconocido evaluador de la educación superior, la Pontificia Universidad Católica de Perú es la universidad por excelencia del país, seguida por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. No obstante, cuando se consideran en un contexto regional, ambas universidades ocupan el rango 34 y 49 respectivamente, en una lista dominada por las instituciones regionales de los vecinos Brasil, Argentina, México y Colombia.

Esta clasificación coloca al Perú en el centro del grupo dentro del amplio contexto latinoamericano, una posición que tanto al gobierno como al sector privado le gustaría mejorar. Los principales problemas que habían obstaculizado con anterioridad el desarrollo de las instituciones de educación superior en el Perú, tales como la falta de regulación adecuada, el presupuesto y la acreditación del sistema, están siendo tratados en una forma u otra.

Por ejemplo, Perú fue uno de los últimos países de América del Sur en implementar un sistema nacional de acreditación. De hecho, durante gran parte de su historia, el sistema de educación terciaria del Perú carecía de cualquier forma sistemática de acreditación universal y, como tal, las normas entre muchas de las universidades de la nación carecían de consistencia e iban flaqueando a lo largo tiempo. Esto cambió en 2006 con la formación del Consejo Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Educación Universitaria (CONEAU). La CONEAU fue responsable de acreditar a 54 de 100 universidades del Perú en sus primeros cinco años de existencia.

Antes de la creación de la CONEAU se había creado el Consejo Nacional de Autorización de Universidades (CONAFU), que también juega un papel de supervisión asistiendo en lo que se refiere a la creación de nuevas universidades, así como a la preservación de las ya existentes. CONAFU es responsable de evaluar y certificar nuevas y existentes universidades para que puedan operar legalmente.

La anexión de estas dos instituciones de supervisión ya ha tenido un efecto positivo sobre la mejora de instituciones de educación superior del país, sin embargo, todavía queda trabajo por hacer. De hecho, el sistema de educación superior ha crecido 75% desde 1996 - cuando CONAFU era establecida - de 56 universidades a las actualmente 100. La matrícula de pregrado en ese período tuvo un promedio de crecimiento anual del 6,24%, según la ANR, al pasar de 335,714 estudiantes a 782.970.

Mientras tanto, todavía persisten otros obstáculos, como una mayor integración de los programas universitarios con las necesidades del sector privado. Por ejemplo, falta emplazar centros próximos o dentro de los campus universitarios, que estén dedicados a la investigación y la tecnología, siendo ésta, una de las maneras más populares de avance de la ciencia y de las industrias tecnológicas y médicas.

De hecho, ya está previsto un parque en la región sur de Tacna, el cual está situado junto a la Zona franca de la ciudad. Esta colaboración entre el sector privado y las instituciones de educación terciaria es casi siempre útil y habrá un largo camino hacia la mejora del desarrollo de recursos humanos en una amplia variedad de sectores de la minería, la banca y la agricultura.

En el otro extremo del grupo, el gasto del Perú en la educación primaria y secundaria se queda corto en relación a lo invertido por sus pares regionales. La insuficiente preparación para la educación del nivel universistario a menudo deja a las escuelas dedicando un valioso tiempo a la preparación del material del curso pre universitario.

Afortunadamente, el gasto presupuestario en educación se mueve en la dirección correcta. El presupuesto nacional para el 2012 vuelve a acercar el gasto en educación por encima de 3% del PIB, con un incremento nominal de 8% en el 2011. Sin embargo, estas cifras todavía se ven insignificantes en comparación con el vecino país de Chile, donde el gasto en educación probablemente alcance 5,5% en el 2012.

En conclusión, para que El Perú alcance a largo plazo la prosperidad económica, tendrá que mejorar la competitividad de sus recursos humanos y su sistema de educación superior.

 

Peru: Higher ground

As Peru’s economy continues to rapidly grow, the responsibility of keeping it on the road to economic development will increasingly fall on the shoulders of the country’s education system, particularly on its universities and technical institutes. According to data from the World Bank, Peru’s GDP has expanded an average of 7% over the course of the past five years, even amid an extremely weak exogenous environment. Indeed, much of this growth was due to increased revenues from exports with abnormally high commodity prices.

The ability to produce qualified professionals, particularly in key technology-related fields, is a vital ingredient to stimulating and sustaining economic growth, a fact recognised by the country’s National Education Plan 2005-15. Peruvian universities have fallen behind regional heavyweights Brazil and Argentina, but the implementation of a national accreditation system and increased budgetary spending should see the country gain ground in the mid-to-long-term.

Peru’s higher education system is broken into three segments: public universities, private universities, and vocational and technical institutes. Higher education in Peru dates to 1551 when the Universidad Nacional Mayor de San Marcos (National University of San Marcos) was created by royal decree, making it the oldest official university in the Americas.

Today, its strong tradition continues, as it remains one of the country’s top universities. In fact, Peru currently has 100 universities with more than 900,000 students, according to a census conducted by the National Assembly of Rectors (ANR) and the National Institute of Statistics (INEI) in 2010. However, despite its size and history, Peru still lags slightly behind regional peers when it comes to tertiary education.

According to QS University rankings, a globally recognised higher education assessor, the Pontificia Universidad Católica de Perú is the country’s preeminent university, followed by Universidad Nacional Mayor de San Marcos. When taken in a regional context, these universities rank 34th and 49th, respectively, in a list dominated by institutions from regional neighbours Brazil, Argentina, Mexico and Colombia.

These rankings place Peru in the middle of the pack in the broader context of Latin America, a position both the government and private sector would like to improve upon. Major issues that had previously hindered the development of higher education institutions in Peru, such as a lack of proper regulation, budget and accreditation system, are all being addressed in one form or another.

For example, Peru was one of the last South American countries to implement a national system of accreditation. Indeed, for much of its history, Peru’s tertiary education system lacked any form of universal accreditation system and, as such, standards among many of the nation’s colleges and universities lacked consistency and faltered over time. This changed in 2006 with the formation of the National Council for Evaluation, Accreditation and Certification of University Education (CONEAU). CONEAU was responsible for accrediting 54 of Peru’s 100 universities in its first five years of existence.

Preceding the creation of CONEAU was the establishment of the National Council for Authorisation of Universities (CONAFU), which also plays a supervisory role, assisting with the creation of new universities as well as the preservation of existing ones. More importantly, CONAFU is responsible for evaluating and certifying new and existing universities so that they may operate legally.

The addition of these two supervisory institutions has already had a positive effect on improving the country’s tertiary institutions; however, there is still work to be done. Indeed, the tertiary education system has grown 75% since 1996 – when CONAFU was established – from 56 universities to the current 100. Undergraduate enrolment during that period averaged annual growth of 6.24% according to the ANR, increasing from 335,714 students to 782,970.

Meanwhile, other obstacles remain, such as further integrating university programmes with private sector needs. For example, establishing dedicated research and technology centres next to or within university campuses is one of the most popular ways of advancing the science, technological and medical industries.

In fact, such a park is already planned in the southern region of Tacna, which is conveniently located adjacent to the Tacna Free Zone. Such collaboration between the private sector and tertiary education institutions is almost always useful and would go a long way towards improving human resource development in a wide variety of sectors, from mining, to banking, to agriculture.

On the other end of the spectrum, Peru’s spending on primary and secondary education still falls short of spending by regional peers. Insufficient preparation for university-level education often leaves schools spending precious time going through pre-university course material.

Fortunately, budgetary spending on education is indeed moving in the right direction. The 2012 national budget will once again bring expenditures on education to above 3% of GDP, with a nominal increase of 8% on 2011. However, these figures still look paltry in comparison to neighbouring Chile, where education spending will likely reach 5.5% in 2012. To attain long-term economic prosperity, Peru will need to improve the competitiveness of its human resources and its higher education system.

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